martes, 24 de abril de 2012

Hace algunas semanas me enojé con Dios: problemas familiares que le atribuía a sus designios: mis padres habían priorizado su religión y no a su hijo.
Hablé, grité, me enfurecí...
Al día siguiente, mientras me bañaba, le pregunté a Dios por qué había decidido así las cosas, cuál era el mensaje que me quería dar.
Y seguí mi vida, sin comprender sus decisiones.
El domingo, sin embargo, volví a hablar con Dios: había sido un día dichoso y tenía tantas cosas que contarle. No sabía qué palabras usar, ni cómo dirigirme a él (a veces siento que soy repetitivo en mis oraciones y que puedo aburrirlo), pero al final le dije esto mismo: "no sé cómo dirigirme a ti, ni cómo narrarte esta felicidad que seguramente tú ya conoces, pero quería estar un momento a solas contigo y no se me ocurrió otra forma de hacerlo".
En ese instante comprendí que en mi enojo, en mi alegría, no buscaba a Dios para contarle mis cosas, sino para sentirlo junto a mí. Entonces le hablé ya sin importarme las palabras que usaba.

3 comentarios:

Rogelio Pineda Rojas dijo...

La última vez que entré a una iglesia a orar fue en 1995. Tenía 15 años y acababa de conseguir mi primer empleo, en una papelería. Recuerdo que me senté a dar gracias porque con ese empleo podría conseguir el dinero necesario para poder terminar mi año escolar en la preparatoria: eran tiempos duros, de crisis y angustias infinitas en casa. Mi abuela decía que esto era una manera de acordar con dios nuestro agrado por sus designios. Y a mi abuela siempre la tomé en cuenta. Después, después no puedo recordar en qué momento perdí la fe en él. Mejor dicho no la perdí. La fe se transportó a la fuerza de mis brazos, al parpadeo de una buena estrella que presiento ronda mis noches. Creo que no importa cómo se sustente esa fe, sino mantenerla. Qué bueno que la tienes Mike, eso siempre se admirará en un compañero de trinchera.

Miguel Ángel Hernández dijo...

Ya sabes, eso de que la fe es lo último que muere... Creo que por esa fe, además, es que uno insiste a diario en sus sueños. Abrazos.

AleMamá dijo...

Yo puse mi fe entre paréntesis por unos 14 años.....cuando volví, era una fe madura, confirmada y no podría vivir sin ella. Lo abarca todo, lo empapa todo, le da sentido a todo.

Saludos de nuevo. Pensé que quizás no leerías los comentarios. También he sido feliz por alegrarte el fin de semana.