martes, 21 de febrero de 2012

Cuando llegamos a vivir como pareja a Volcanes, el departamento de enfrente al nuestro lo acupaba una familia a quien apodamos "Los Ginos", debido a que la esposa se llamaba Georgina y era con quien más platicábamos. El resto lo complementaban Josué, un micrero regordete de risa fácil y escandalosa, una bebé de cinco o seis meses, y la mamá de Gina, una vendedora de comida a las afueras del Instituto de Cancerología.
Pronto nos hicimos amigos y a veces nos llevaban un taco para cenar o nos invitaban a sus fiestas. Así, conocimos a un hermano de Gina, quien era taxista y trabajaba todo el día para darle la mejor calidad de vida a su guapa esposa y a su hija.
Recuerdo alguna fiesta a la cual los acompañamos, por los rumbos de Azcapotzalco. Comimos mole de siete chiles, espaguetti y tomamos mucho tequila. De regreso a casa, fuimos a comer tacos cerca de la UIC y empezamos a contarnos en qué constían nuestras rutinas diarias. A pesar de tanto tiempo juntos (dos o tres años) no sabíamos mucho unos de los otros.
En aquel tiempo se acercaba mi cumpleaños y pronto nos cambiaríamos de casa, así que le pregunté a la mamá de Gina si podría guisar una taquiza y de a cuánto sería. Ella dijo que yo le comprara los ingredientes y que el costo ya depués me lo diría.
En mi cumpleaños todos gozamos de la comida, y aunque Los Ginos no llegaron para disfrutar la fiesta, pronto los volvimos a ver: el día cuando los fuimos a entregar los trastes. No sé muy bien cómo se dio la conversación, pero al final de aquella tarde salimos de su departamento sin pagar un peso por la taquiza y con algunos tequilas encima.
Todavía fuimos a una fiesta juntos y ahí nos enteramos que la madre se había mudado a Cancún y que Gina y Josué pronto se mudarían de casa.
Una noche tocaron a nuestra puerta y eran ellos. Querían pedirnos cierta cantidad de dinero para completar el depósito del nuevo departamento. Nosotros andábamos muy brujas, pero podíamos, si ellos aceptaban, sacar de una tarjeta de crédito parte del dinero que requerían, les dijimos. Luego tomamos tequila y nos divertimos con sus historias y sus risas. Al día siguiente vimos a Gina y le dimos el dinero que pudimos. Quince días después, se comprometió, nos pagaría.
Pasó ese lapso y otro igual. No sabíamos dónde buscarlos ni teníamos la intención. Sin embargo, al poco tiempo Josué consiguió una plaza en un sitio de taxis que nosotros siempre ocupábamos. Recuerdo que una noche abordó su taxi la mujer que estaba frente a nosotros en la fila. A partir de ese momento, dejamos de tomar nuestro taxi ahí y, cuando lo hacíamos, comprobábamos que no fuera Josué el chofer que nos tocara.
Una tarde le pregunté a mi esposa: "¿Oye, y por qué nos da pena toparnos con Josué, si no les hicimos nada?", y creo que llegamos a la conclusión de que era por no molestarlo o porque fuera a pensar que queríamos cobrarle.
Cambiamos nuestras rutas y como si ningunno quisiera encontrarse con el otro, a pesar de vivir por los mismos rumbos, no los volvimos a ver.
Una noche, muchos años después, abordamos un taxi en Insurgentes y ya estando arriba vimos que se trataba de Josué. Los tres (mi esposa, él y yo) fingimos no reconocernos. Nos dejó en casa y apenas nos bajamos de su taxi, tomó el celular y empezó a marcar un número telefónico.
De entonces a esta parte los hemos visto dos o tres veces. Pasan por la calle, ahora ya con dos hijas y a veces con la madre de Gina, quien al parecer regresó de Cancún.
Ayer, al abordar un taxi, el conductor me recordó a Josué: físicamente, pues no era ni amable, ni reía con potencia, ni escuchaba música norteña o salsa. No sé si aquel alejamiento haya valido la pena, pero como alguna vez lo dijo Luisa: es el destino quien se encarga de mantenernos retirados de las personas que en ese momento no confluyen en nuestra vida. Yo no lo sé, pero por algo considero a mi esposa como una mujer sabia...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues sí, creo que hay ciertas personas con las que uno no debe convivir en cierto tiempo. Así es...YTAM

AleMamá dijo...

Cruzar dineros es el mejor método para tener problemas, y eso que Uds. fueron los perjudicados. Una lástima.
¿Les habrá cobrado la comida que preparó la señora?

Miguel Ángel Hernández dijo...

Quiero creer, AleMamá, que ese fue el pago. Los estimábamos mucho y no quiero pensar mal de ellos. Algún día sabremos. Al menos eso espero.
Abrazo.