miércoles, 20 de mayo de 2009

I
Hay un verso que se le atribuye a Wislawa Szymborska que me ha hecho casi llorar: "Ayer me porté mal con el cosmos".
Pienso que yo, hoy, me porté ingrato con la vida.
Amanecí al lado de mi esposa y me sentía cansado, sin haber dormido lo necesario, así que lo primero que deseé fue un día para olvidarme de todo: del trabajo extra, del curso que he terminado de dar, del francés, del trabajo en general.
Luego salí tarde de casa y me encontré a un conocido en el Metrobús, me contó sobre una intriga política en cierta Facultad de la UNAM; de cómo se mueven las altas esferas para impedir que cierto personaje llegue a ser director. Y apenas le decía adiós, ya lamentaba no haber leído el libro en turno durante los 10 minutos que dura mi trayecto.
En el trabajo me sentí triste al comprobar cómo dos personas quienes se dan el lujo de no ir a laborar tienen un sueldo mayor que el mío; y ya para acabar, me sentí triste al comprobar que en el bolsillo había el dinero justo para llegar a la noche.
Desayuné con desánimo, sólo por comer algo; hice mi trabajo únicamente por cumplir; platiqué con algunos compañeros sólo para evitar el silencio que a cada segundo me hundía más en una depresión con la que llevo casi un mes.

II
Sólo espero que llegue mayo y comienzo a deprimirme. Me agobia el día de mi cumpleaños porque hago un corte de caja e invariablemente veo más déficits que ganancias. Recuerdo a mi familia (lejana), pienso en mis proyectos personales (aún sin cumplir), contemplo mi trabajo (al cuál siempre le encuentro un defecto), me acuerdo de los amigos (a quienes he dejado de frecuentar).
Por la mañana le comentada a un amigo esa manía que tengo de hacerme pagar por mis culpas durante todo un mes, con la esperanza que el resto del año me encuentre mejor. Le explicaba mis razones y él no las comprendía, sin embargo yo me aferraba en mis ideas con tal de justificarme.
—Cada año tengo un propósito —le comenté, sin saber bien a bien cuál sería el de éste.
Después, no continué con la conversación y quise sentirme miserable.

III
Casi eran las tres de la tarde cuando una compañera de trabajo me pidió que acudiera a su lugar. Al llegar, quienes fueron mis alumnas por casi tres meses me recriminaron por haberlas reprobado, según les habían dicho. Me desconserté, pues ni siquiera las había evaluado, pero las dejé hablar con tal de no discutir. No estaba de humor.
Un minuto después, los reclamos se transformaron en risas, en agradecimientos por el curso, en un regalo que me dieron por el Día del Maestro: "muchas gracias por el curso", me dijeron y no supe cómo actuar. Mi cara, que siempre me traiciona, se quedó inmutable. Sólo algunas palabras salieron de mi boca y puedo jurar que me puse rojo por la emoción, aunque no tengo la certeza.
Al salir del trabajo la recepcionista me sonrió. Luego comí unos exquisitos tacos; fui a mi clase de francés y me di cuenta que no soy tan malo como creo.

IV
Por la tarde caminé por CU con un amigo. Llovía y el cielo se antojaba para ponerse a recordar, pero hablamos sólo del presente. Después fuimos a ver libros y creo que en algún momento hicimos aquello que sólo los grandes amigos pueden hacer: quedarse callados y sentirse a gusto.
También fuimos a una librería y me pidió escoger un libro: era mi regalo de cumpleaños. Escogí las Confesiones, de San Agustín.
Me dio un abrazo y me abstuve de llorar:
—En verdad, no sabes cuánto significa esto para mí —le dije un segundo antes de que se alejara en su carro.

V
Entonces vino el regreso a casa, ya junto a mi esposa, y ese verso de Wislawa Szymborska que no dejaba de repetir: "Ayer me porté mal con el cosmos" y yo que sólo decía: "Hoy me porte ingrato con la vida".

VI
Ingrato con la vida, pues no me doy cuenta del camino, de las señales que van apareciendo cada cierto tiempo, de las personas que amorosas me acompañan en el viaje, de que las creencias poco a poco van cambiando, de que ahora que he abierto la Guia Roji, al fin empiezo a encontrar la ruta.
Ingrato porque entre mi supuesto misticismo y creencias no he sabido valorar todas las casualidades que en realidad son indicaciones; porque a veces dudo y me olvido de la fe, porque hoy que tenía ganas de llorar de felicidad lo único que se me ocurrió fue pedirle a Dios que me ayudara a seguir en la ruta de la que tanto he renegado. Ingrato, simplemente ingrato.

VII
Es de noche y me martillea una frase de San Agustín: "Creo, por eso hablo. Señor, tú lo sabes", y yo creo, siento, que es hora de ayudar a que las cosas cambien.

VIII
Entonces descubro el propósito de mis 31 años: Ni una sola oportunidad para la tristeza.

XIX
Es hora de un verdadero reto...

8 comentarios:

Anónimo dijo...

POR FIS-POR FIS, QUE YA TERMINE MAYO!!!!

JAJAJA

LL

Anónimo dijo...

Solo puedo decirte que esos 31 años están más que justificados y bien vividos.


Ánimo Micky.

Abrazos.

MR.

A. dijo...

felicidades por los 31!!! Como me dijo una amiga, que sea los mejores 31 que tendrás!!

Ogirdor dijo...

Geliztsidades ´manto!!!

Anónimo dijo...

Disfruta y vive plenamente estos 31 años.

FELICIDADES

mangelacosta dijo...

Gracias a todos, por los comentarios y las felicitaciones. Es un gusto saber que están ahí, del otro lado.

textonauta dijo...

A mí me gusta sentarme en el banquillo giratorio de un bar al lado de un buen amigo y beber cerveza. Estar sin decir nada. No hablar. Sólo vernos beber en el espejo atrás del cantinero, que limpia un vaso con una franela blanca. Deberíamos hacer reuniones de silencio, Citas de mutismo y fiestas de soledad. Saludos. Feliz inicio de década.

Anónimo dijo...

DESEAMOS QUE TENGAS EL MEJOR CUMPLEAÑOS.

A y M