lunes, 25 de junio de 2012

A veces me pregunto por qué leo, para qué leo. Es decir: después de leer un libro, una revista, un periódico, ¿qué gano? Más allá de la historia, de las sensaciones, cuál es el fin último de mi lectura (¿Hay un meta en leer?).
Luego recuerdo al profesor que provocó que leyera un libro de corrido (El silencio de los corderos) y su manía por hablarnos de la UNAM, donde él trabajaba. Creo que todos sus alumnos estábamos enamorados de las cosas que nos platicaba y creíamos que gran parte de esa vida se debía a que era un magnífico lector.
Sin embargo, en ocasiones ni siquiera llego a eso. Pienso en esa obsesión por tomar un libro apenas termino otro, y que eso no se puede incluir en un currículum, en la solicitud de un crédito, en la hoja rosa del ISSSTE.
Entonces, para qué leer, por qué leer. Y quizá, quiero pensar, me hago estas preguntas porque no me atrevo a hacerme una más importante: ¿por qué y para qué escribir?

2 comentarios:

AleMamá dijo...

Leemos para nosotros mismos, creo yo, por el relax que proporciona, porque aprendemos, por el gusto del saber y de buscar la verdad, por explorar mundos y tiempos que nunca pisarás ni vivirás, porque nos desconectamos y hemos incorporado un intangible en nuestro espíritu que nos debiera enriquecer aunque muchas veces, por elegir mal nos ensuciamos o contaminamos con ideas o imágenes que nos perturban o hacen daño. Yo me fijo mucho en lo que veo y leo.
Otra vez, saludos desde Chile

Miguel Ángel Hernández dijo...

A veces también, creo, leemos porque ahí nos ubicamos en la intimidad, porque ahí nadie nos molesta. Por otra parte, a lo mejor escribirnos porque no hemos hallado una mejor manera de expresarnos (a mí no se me da la plática, por ejemplo).
Gracias por estar del otro lado.