jueves, 26 de marzo de 2009

Caro faltó ayer a clase. Antier, con los ojos cansados, desvelada, me dijo:
—Quién como ustedes: trabajan, tienen dinero y se duermen temprano.
Ella, estudiante de cuarto semestre, llevaba una noche sin dormir, ese día tampoco dormiría. Unos días antes me había pedido dinero prestado (10 pesos) y no me había pagado porque destinó esa moneda para sacar unas copias.
Ese día me quedé mirándola: a sus 20 años está preocupada porque no entiende bien el francés, porque tiene mucha tarea, porque no podrá ir a una fiesta el viernes entrante.
Yo, "el adulto", me preocupo por los pagos, por las fechas de entrega del trabajo, porque debo ir al súper, porque pronto vendrán las vacaciones y deberemos ocuparlas en hacer limpieza de la casa.
Recuerdo entonces cuando a mis 20 años creía que el mundo se caía cuando una mujer no aceptaba mi invitación a bailar, cuando me bastaba estirar el brazo para encontrar comida en el refirgerador de casa de mis padres, cuando podía comprar ropa "de marca" sin pensar en su precio, cuando si tenía un antojo sin duda sacaba un billete y me cumplía ese pequeño capricho.
Hoy, cuando los sábados hay que levantarse temprano, cuando si quiero encontrar algo en el refrigerador debo comprarlo, cuando no hay vacaciones para tirarse a la cama y dejar que el mundo gire sin uno abordo, pienso en mis 20 años.
Ahora, también reflexiono en la frase de Caro: sé que pude haberle dicho algo aquella tarde, pero para qué preocuparla antes de tiempo.

3 comentarios:

Chica-Lobo dijo...

Hola. Tengo 24 años, y a los 20 justo las cosas que menciona eran las que me preocupaban. Ahora, que tengo empleo, que pago todas las cosas de mi casa, que he aprendido a responsabilizarme de mis cosas, veo al pasado y digo: me alegra haber ignorado todo esto, fui feliz aquellos años, y a pesar de lo estresante que puede ser, soy feliz de poder llamarme: adulto.


Un saludo

Anónimo dijo...

Mi hijo de 17 años cuando habla de un joven de 20 dice que ya está grande, un joven de 20 piensa que una persona de 30 es vieja y así sucesivamente... lo único que pienso es: "Por qué no me quedé con el pensamiento fresco cuando era niña?... olvidando el pasado y no preocupándome por el futuro... sólo viviendo y disfrutando el presente".

mangelacosta dijo...

Anónimo, supongo que una de las razones por las que uno crece es sólo para darse cuenta cuánto nos gustaba ser niños. Hace días comentaba con una amiga que, sin embargo, a mí me gusta mucho esta etapa de mi vida, los 30 años, y que no me gustaría regresar a la infancia. Será que me hago a la idea de que todo es como debe ser, y que nada llega antes, ni después; que pienso que cuanto viví de niño es lo que hoy me permite ser "adulto". Dide Antonio Porchia:"Tus cosas de niño, no tus cosas de hombre, alimentan tu alma de hombre".
Gracias por pasar por aquí.
Chica-Lobo: Tienes mucha razón, cada etapa de la vida tiene una razón, y no es sino la suma de todo lo que vivimos lo que nos forja como personas. He andado por tu blog y me gustó mucho. Saludos desde el DF.