lunes, 19 de enero de 2009

La cara de mi abuela es un mapa hidrográfico: por donde bajan ríos de historias bíblicas contadas en noches de tormenta y de luna llena; por donde corren rumores de ancestros ahorcados en árboles por "los federales" antes de denunciar a "los alzados"; por donde suben risas (siempre agrias) debido a su humor tan característico.
La cara de mi abuela es un mapa orográfico, pero no terrestre, sino estelar: donde hay montañas en forma de estrella; donde existen montes habitados por sirenas bellas y seductoras (como debe ser); y donde hay algunas cimas que ningún sentimiento familiar ha podidio llegar, esas cimas que en ella son pozos a donde nadie tiene acceso (lágrimas misteriosas, historias a medias, recuerdos ocultos).
La cara de la abuela también es un mapa común: dividido en provincias que habitan cada uno de sus hijos, por ciudades donde existen sus nietos, por comarcas que cada día crecen más y que se llaman bisnietos.
La cara de mi abuela, ayer la observaba con atención, es un mapa que muestra un poco del mundo que ella es, de su ropero con fotos centenarias, con un radio de bulbos, con cartas que llegaron alguna tarde sabatina desde lejos, escritas por sus hijos. Es el mapa de un mundo que nadie entiende, del que los hijos reniegan, del que los nietos han abrevado y del que los bisnietos disfrutan.
En ese mundo irónico siempre cabe una broma, un recuerdo, una oración.
Es el mundo de mi abuela, el mismo que habitamos durante tanto tiempo y que hoy resumimos en aquellos domingos cuando desayunábamos lengua de res en jitomate, huevos tibios, jugo de naranja; en que corríamos a los baños comunales de aquella vecindad en Doria; en que los primos (entonces niños) veíamos en la abuela al ser que nunca habríamos de olvidar: y hemos cumplido...

1 comentario:

Anónimo dijo...

MUY POÉTICO... IMAGINO A TU ABUELA. AÑO NUEVO, CITA NUEVA, ¿CUÁNDO NOS VEMOS? CUMPLAMOS. FABIOLA PECH.