jueves, 10 de enero de 2008

A esas horas de la noche Periférico está prácticamente vacío. Sólo algunos camiones pesados o alguno que otro microbús, circulan por ahí. Veníamos de casa de mis suegros y platicábamos y gritábamos y discutíamos (no entre nosotros, que quede claro). Estaríamos por llegar a Mundo E cuando se escuchó un ruido extraño. Pensé de inmediato que no había cerrado bien la cajuela del vocho, pero recapacité que ni siquiera la había abierto. Volteé a mi alrededor para ver si algún automovil tocaba un claxón extraño, pero nada. No dije nada para no poner nerviosa a mi esposa. Sin embargo, a los pocos segundos se escuchó de nuevo aquel sonido extraño. Ella volteó a verme con sus ojos enormes y acordamos detenernos. Íbamos en los carriles centrales, así que cuando quise salirme a la lateral, ya me había pasado. Reduje la velocidad y algunos metros más adelante, por fin logré detenerme.
El ruido semejaba un maullido de un gato bebé, o ese que dicen hacen las brujas para atraer a los niños las noches de aquelarre.
Recapacité que unas horas antes habíamos perseguido un gato que se había metido a casa de mis suegros, sin embargo, cómo era posible que se hubiera metido al vocho.
Con miedo, comenzamos a buscar dentro del carro. Ahora el maullido se escuchaba lastimero. Levanté el asiento, nos asomamos en la cajuela, debajo de nosotros y nada. Abrí el cofre, revisé el motor, brinque sobre una defensa, pegue con un trapo en el chasis y nada. Seguramente, quisimos convencernos, al salir a la lateral de Periférico el gato (si es que se trataba d eun gato) había aprovechado para bajarse del carro.
Recomenzamos el camino nerviosos, pensando en el gato, en la enfermedad de mi suegra, en mi cuñado (yo manejaba por debajo de los 100 km/hr).
A la altura de Barranca del Muerto nuevamente comenzó a escucharse el maullido. Empezó a dolerme la cabeza y se me hizo un nudo en el cuello, mil piedras comenzaron a lastimarme la espalda.
Ahora los maullidos aparte de lastimeros, se escuchaban desesperados. Un olor a pelo quemado comenzó a llenar el vocho.
Nuevamente estacioné el coche en la lateral de Periférico y reinició la búsqueda. Un minuto, cinco, diez, y nada. Sólo que ahora se escuchaba el maullido constantemente.
¿Sería posible que ese ligero roce que había sentido la prima de mi esposa, esa sombra que habíamos visto pasar por fuera de la casa se hubiera venido con nosotros?
Decidí apagar el motor, aún con el riesgo de que después no quisiera prender el vocho (últimamente anda fallando). Al final, cuando nos quedamos callados, más nerviosos que nunca, oímos el maullido, claro, nítido, cercano.
—bishito, bishito —, me atreví a pronunciar...
Y detrás de la llanta, indefenso, más temeroso que nosotros, tal vez un poco quemado, apareció un pequeño gato.
—Pon el carro en punto muerto, voy a moverlo.
Y a cada intento el gato seguía el carro. Por fin, cuando lo vi un poco distraido, explorando su entorno, apurado me metí al carro y lo puse en marcha. Aún eché un vistazo para ver si se había quedado ahí, pero sus lastimeros ojos de GatoconbotasestiloShrek me hicieron mirar al frente. Todavía escuché un maullido lejano que casi era un reclamo, pero aceleré y comencé a relajarme.
Todo hubiera quedado en eso, pero hoy en la mañana, cuando veníamos al trabajo, oí un maullido. No dije nada para no poner nerviosa a mi esposa (no sé por qué siempre hago lo mismo), pero aceleré para que el ruido del motor apagara ese maullido y procuré llegar lo más rápido a mi oficina, pues no quise averiguar si era otro gato,
o mi conciencia,
o...

2 comentarios:

A Ramos dijo...

no sé si sea cuento o qué... pero qué chido está...

mangelacosta dijo...

jajaja... muchas gracias... fue real.